jueves, 28 de agosto de 2014

Motivación

Durante los exámenes de Junio escribí en una hoja de papel esto que hoy transcribo aquí y que me viene muy bien releer.

Día de recibir las notas de un examen complicado, estamos en la biblioteca estudiando un grupito de enfermeras que nos hemos hecho asiduos (Equipo biblio! Oe!). Viene corriendo otra compañera de clase y nos dice: ¡Que ya han salido las notas de fisio!. Y al momento todos cogemos los móviles o nos acercamos al ordenador de otra compi que ya está buscando el listado de calificaciones.
Mi compañera de enfrente dice que no quiere saberla, se levanta, coge su movil, lo deja de nuevo en la mesa, me mira con una risa nerviosa y me dice que le están sudando las manos. Al final la convencemos para que la mire. Ha suspendido.

Me parece curiosa está reacción. Creo que hace años yo hubiese reaccionado igual, sin embargo estoy tranquilo, antes y despues de mirar la nota . Supongo que me estoy haciendo viejo. (vale, yo he aprobado, pero lo importante es el antes y la reflexión que viene a continuación)

Tras el descanso, cotillear las notas de los demas y animar a un poco a los suspensos hemos subido de nuevo a estudiar, pero estoy descentrado y tengo hambre, así que decido perder un poco más el tiempo mirando twitter desde el teléfono haber si el resto de los compañeros han visto ya su nota y han puesto algo.

Entre los "tuits" veo a un antiguo conocido al que sigo. Es un hombre de finanzas que tiene un puestazo en una multinacional, un tiburoncete del mundo empresarial. Ese tipo de personas a las que no tengo especial aprecio, pero él en concreto nunca me trató mal, si no todo lo contrario. Le conocí en un curso de magia y varias veces me acercó a mi casa en su Mercedes (u otro coche de alta gama, no recuerdo). Me hacía gracia porque siempre me hablaba explicándome como funcionaba el mundo, como al joven ingenuo y soñador que él vería, mientras me soltaba lindeces del tipo que el cambio climático era mentira, que la tierra pasaba por períodos de glaciaciones y desglaciaciones y que el aumento de los grados de temparatura eran normales. Que reducir los humos era contraproducente para el progreso y que todo esto lo sabía y debía ser cierto porque lo afirmaba un profesor suyo de la universidad que era catedrático. ¿Catedrático de qué? ¿De Eeconomía o de Dirección de Empresas?

El caso es que los "tuits" que publicaba este gran directivo de multinacional últimamente estaban relacionados con lo entusiasmado que estaba con la pedagogía laboral y estrategias de motivación del empleado para que produzca más, sea más eficientae, aprenda inglés o chino que ahora está muy de moda y toda esa basura que hizo que odiase la pedagogía y que pone la educación al servicio de la productividad y del dinero.

Entonces he pensado en lo poco eficaz que es ese sistema, en la cantidad de libros y los rios de tinta que se han escrito repitiendo lo mismo una y otra vez (todo está inventado desde hace mucho, porque ahora lo llamen coach no significa que sea más moderno) con el objetivo de evitar que las personas se pasen las horas de su trabajo metidos en facebook y lograr que se entreguen en cuerpo y alma a oficios cuya última retribución es meramente económica. El dinero como fin de tu actividad laboral y no como recurso para alcanzar otros objetivos personales. Supongo que la mentalidad que lleva a las personas a justificar el cambio climático en pro de la productividad, o a montar fundaciones que desarrollan miles de proyectos inutiles y que nunca se llevaran a cabo para conseguir mayor financiación es la misma que lleva a escribir teorías que prostituyen la pedagogía para acumular más ceros en sus cuentas corrientes.

Tras todas estas vueltas, he levantado la vista y mi compañera, la que había suspendido, estaba enfrascada en el próximo examen con cara de interés, absolutamente concentrada. Si hubiese sido yo el que había suspendido no sería capaz de vover a volcarme en el estudio como estaba ella. Estaría enfadado, o triste y absolutamente desmotivado. Quizá esta enfermera de primero, que se ha sacado sangre con sus compañeras de piso a si misma solamente para aprender cómo se hace, sin que nadie vaya a examinarla por ello, tiene mucho que enseñar al gran empresario de éxito lo que es la motivación.

viernes, 16 de mayo de 2014

A. Gato

Cuando las cosas se complican, cuando perdemos a alguien o simplemente cuando no somos capaces de explicarnos el porqué de lo que nos parece injusto, los seres humanos recurrimos a las religiones y las creencias.

Nunca he tenido muy claro en qué creo yo. Pero me gusta coger ideas de aquí y de allá. Pienso que hay alguna especie de equilibrio que regula a las personas, no en buenos y malos, no somos tan simples, pero sí en todas las características y en lo que aportamos al mundo.
Hoy las cosas se han desequilibrado. Lo sé porque se ha marchado alguien excepcional. Una de esas personas que pueden pasar desapercibidas totalmente, pero que si miras con atención dejan una huella imborrable. Para mí una huella de cinco patas.

Dicen los hindúes que cuando mueres tienes que cruzar un puente en el que se encuentran todos los animales que se cruzaron en tu vida y que según te portaste con ellos te dejan entrar o no. Si esta historia tiene algo de cierta estoy seguro que todo lo que haya en ese puente, animales, personas, o cualquier tipo de ser al que te acercaste con tu forma de ver el mundo, estará encantado de dejarte pasar y darte una calurosa bienvenida.

Nuestras vidas se cruzaron durante poco tiempo, y el motivo por el que llegaste a mi fue por realizar la acción más grande que puede pretender el alma humana. Ayudar a los demás, cuidarles e impulsarles para que pudieran llegar a ser más de lo que son y acompañar su crecimiento.
Por eso viajabas de asociación en asociación cuidando de los demás, de los que más lo necesitaban. Por eso aprendiste a comunicarte con los que no podían oír. Por eso tus furtivos comentarios capaces de sacar una carcajada a cualquiera que estuviese atento para oírlos. Por eso tu ,mano tendida, tan sincera y tantas veces en aquel ajetreado Arcas.

Por todo eso creo que se nos queda este mundo un poco más descompensado, y no voy a martillearme pensando en lo injusto que es que te hayas tenido que marchar tan pronto, porque de verdad que pienso que tú no querrías eso, y hay que ponerse manos a la obra para compensar todo ese trabajo que hacías tan bien. Va a ser difícil, pero me reconforta pensar que vayas a donde vayas ahora seguro que te pones a montar una asamblea para organizar a todo el mundo y entre todos dar cariño y ayudar a los que lo necesiten. Esta vez, como en todas las anteriores, se que puedo confiar en ti y en que harás un trabajo brillante.

Adiós amigo, buen viaje y hasta la próxima asamblea.

miércoles, 26 de junio de 2013

Muchos cambios que van a venir

 Llevaba mucho mucho sin escribir sobre mi. Esto suele pasar porque tengo temporadas en las que no me preocupo demasiado por lo que está sucediendome y no necesito aclarar razonamientos ni sentimientos. Lo cual, no suele ser bueno porque luego sale todo de golpe.
Sin embargo aquí estoy. Muerto de miedo.

Hace ya mucho tiempo que no me gusta mi trabajo y que quería cambiar de aires. Pero claro, es un currazo, el sueldo está genial, trabajo cuatro horas y “de lo mío” y las cosas no están como para encontrar otro curro así. Pero no me gusta, no me gusta nada. Tardo en escribir trabajos que tengo que entregar de 5 o 6 folios días enteros, con el consecuente agobio, noches sin dormir, y una pérdida de tiempo y estancamiento total.

El caso es que actualmente no tengo un gran proyecto de vida personal, me refiero a mi. Mis relaciones con el mundo están genial, mi independencia lograda, tengo solvencia económica para mantener un coche, comprarme instrumentos musicales y darme un capricho de vez en cuando. Rapiño los días de vacaciones para poder sacar una semana de disfrute personal y a veces no llego a final de mes. Supongo que como mucha gente, y hace unos años esto era lo normal y habitual para mi edad. Y sin embargo representa la rueda y el bucle al que nunca he querido entrar. Como tener una vida asquerosamente normal. No quiero todo esto. No quiero estar haciendo ya lo mismo que voy a hacer durante los próximos treinta años. Y yo tenía otras metas, que se torcieron para conseguir muchas cosas que están genial, pero que no eran las mías.

Y el otro día, viendo un vídeo de internet sobre unos estudiantes de medicina que habían acabado la carrera y que se mandaban mensajes de ánimo a su yo de hacía seis años, me di cuenta de que nunca he sentido un amor por mi profesión como el que sentían estos futuros médicos, si no más bien todo lo contrario.
Creo que de todas las cosas que he hecho en mi vida, las que considero más importantes las he hecho subido en una ambulancia o de campamento en los scouts. Y de lo segundo no puedo vivir. Así que la noche que me encontraba trabajando sobre algo que no me gustaba y vi el video de los médicos decidí que había que darle forma a la idea de estudiar Enfermería.

Ir a la facultad, pagar el título y pedir un certificado de notas. Comprobar que mi nota no da para estudiar enfermería en Madrid, desanimarme, pensar en estudiar selectividad otra vez y retrasar todo un año, y de repente... bombilla encendida. En Huelva me da la nota para entrar a estudiar este mismo septiembre, y tengo una casa vacía con 5 habitaciones, que es de mi madre y que se puede alquilar a diez minutos de la universidad.

Pregunto a las personas que son más importantes en mi vida. A nadie le parece una locura (a mi si!), así que me autoconvenzo y empiezo a moverlo todo para irme el año que viene.
Todo esto implica dejar muchas cosas aquí, es cierto que en general quería darle un cambio a mi vida, pero bufff, esto lo cambia todo. Voy a dejar absolutamente todo por perseguir una ilusión. Qué romántico ¿no? Pues estoy acojonado.

Durante una semana voy dándole vueltas a todo, y construyendo castillos de arena en el aire, Alquilo la casa, y tengo paro si me voy del trabajo (mi jefa me haría el papeleo para permitírmelo), aunque lo suyo sería mantener la posibilidad de trabajar a distancia como hace un compañero desde Jaén. Y así el dinero del alquiler de la casa iría para mi madre, que no le vendría nada mal.

Así que me decido, tengo un gran plan entre manos que voy construyendo a mi manera y parece que casi no hay pegas para que salga adelante. Escribo un mail a mi jefa y quedo con ella para comer. “Yo también tengo que hablar contigo”. Uy, eso suena mal, pero bueno le voy a plantear algo que puede ser una buena idea.
Llega el día de la comida y le cuento mis intenciones. Mi jefa, además es mi amiga, y fue un apoyo importante en los malos momentos, quizá era quien me faltaba por preguntarle si le parecía una locura. Y sorpresa (bueno no tanto, me lo olía, y lo raro es que no hubiese pasado antes). Empieza una nueva etapa de trabajo en la Fundación y necesita que todo el mundo esté implicado y tenga un ritmo de trabajo alto, y yo... soy la desmotivación en persona. Así que le he facilitado el hecho de tener que comunicarme que me despide. Me va a hacer un despido majo para que tenga paro, y finiquito y todo lo mejor posible. La verdad es que se han portado conmigo genial siempre y esto es la guinda. Sin embargo... es la primera vez que me echan de un trabajo y mi autoestima se ha visto un poco dolida. Eso... o que de pronto todo el plan acaba de entrar en punto de no retorno. Ahora si, me voy o me voy. Si no me dan plaza, o si no consigo alquilar todas las habitaciones o si no encuentro algún currillo que me de para cubrirme gastos en la comunidad con la tasa más alta de paro de España, voy a tener problemas.

Y de pronto, ayer cuando todo se ha vuelto real y ya no hay oportunidad de echarme atrás me ha entrado miedo, miedo de verdad. Miedo a que no se me de bien estudiar enfermería, miedo a echar demasiado de menos a la gente que quiero, miedo a llevarme mal con la gente que va a compartir mis días, miedo a no poder hacer un traslado de expediente en condiciones y quedarme en Huelva por 4 años, miedo a terminar con 32 años una carrera y haberme vuelto a equivocar, miedo a no ser capaz de acabar algo tan grande, por mi, o por causas externas. Miedo a tener problemas y no contar con nadie para poder apoyarme...

No es que dude de mis capacidades, sé que es posible hacer todo esto, si no no me lo plantearía, y cómo todas las cosas importantes que he decidido en mi vida así de golpe y porrazo, espero que vayan bien.


Solo sé que cuando acabe esta carrera, y tengo intención de hacerlo, voy a ser el enfermero-pedagogo que más aprecie su esfuerzo. Sin duda voy a echar de menos muchas cosas, pero aunque esté asustado pienso que merece la pena. Y si no sale... pues ya se verá.

lunes, 13 de mayo de 2013

Monstruos


Esta mañana me desperté y no vi a nadie, me tomé un café y salí de casa. Un whatsapp de buenos días fue el contacto social que tuve.
El conductor del autobús no me devolvió el “buenos días” que acostumbro a dar, ni tampoco dijo nada la chica a la que sujeté la puerta del metro de Gregorio Marañón. Iría con prisa a la facultad de Industriales.
El portero del edificio donde trabajo, que suele preguntarme que tal me va, no estaba hoy.
En la oficina un cortés buenos días y a penas tres o cuatro frases cruzadas con mis compañeros sobre temas de trabajo.
Varias conversaciones por el chat de gmail, por whatsapp, un email, comentarios en fb y de vuelta a la calle a buscar un sitio donde ir a comer. Solo.
Me planteo incluso sentarme a comer con un anciano que está en una mesa cercana a mi mientras come y lee el periódico. Pero me parece exagerado y su mujer llega justo a tiempo para sentarse con él y quitarme semejante idea de la cabeza.
Los camareros, muy eficientes en su trabajo, todo sea dicho, tampoco podían atender mis ansias de conversación. Ni si quiera para decirme cual era su opinión sobre si la tarta de queso era mejor que la de chocolate. Al final la de queso no estaba tan mal.
De vuelta a la oficina. Ya no queda nadie en ese piso que hora tras hora va convirtiéndose en un horno.
Intento verme un capítulo de una serie, no es una conversación, pero puede ser un buen sustituto, pero no carga los vídeos largos. Así que empiezo con el trabajo.
Mientras pasa el tiempo espero impaciente que venga la señora de la limpieza, que raja por los codos, y alguna tarde que me he quedado a adelantar trabajo no ha parado de hablar durante la hora que pasa en la oficina.
Suena el telefonillo. Una mujer que tiene una reunión con un tal Pedro. La abro y que suba. No me suena que haya reunión hoy, pero por aquí pasa tanta gente que nunca se sabe.
  • Pasa, imagino que llegarán enseguida.
  • Si, había quedado a las 17.00 y llego 20 minutos antes.
  • Perfecto pues entra y espera en el salón. ¿Quieres un café?
  • No gracias, ya espero aquí.

Otra negativa de posibilidad de conversar con alguien. Me voy a trabajar y a las 17.30 me acerco a preguntarle a la mujer: ¿Exactamente con quién has quedado?

Después de llamar por teléfono y darse cuenta de que se ha equivocado de piso, me devuelve el teléfono y sin mediar palabra se da la vuelta y se marcha.

La hora siguiente es especialmente aburrida porque ni siquiera consigo concentrarme en el trabajo y no avanzo nada de lo que tengo que hacer. Me quiero ir a casa. Allí también estaré solo, pero al menos puedo tocar música.
Me giro y me miro en el espejo que queda a mi izquierda. Tengo la cara quemada por el fin de semana en la sierra y he descuidado la barba que ya está algo larga. Eso unido a mis greñas y a mi ropa rota y cochambrosa de siempre me da un aspecto de naufrago que resulta bastante insultante dada la situación del día.

Desisto, ya ni siquiera me apetece dar otra oportunidad a una ciudad que tiene tanta gente y es capaz de hacer sentir tan solos a tantos. Vuelvo para casa a meterme en mi agujero, mi rincón del mundo donde nadie entra si yo no lo permito, y no sujetaré la puerta a nadie en el metro ni saludaré a los conductores de autobús. Lo has conseguido Madrid, por hoy me has convertido en uno de tus monstruos. 



Pero solo por hoy...

lunes, 29 de abril de 2013

Lazos

Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos - empezó el joven
- Y nos vamos a casar - dijo ella
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
- Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.
- Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.
- Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor- repitieron-, hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo...-dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa- dijeron los dos
- Lo que sea- ratificó Toro Bravo
- Bien - dijo el brujo -, Nube Alta, ves el monte al norte de nuestra aldea? deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena.
Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta....salgan ahora.
Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.
- Volaban alto?- preguntó el brujo
- Sí, sin dudas. Como lo pediste...y ahora?- preguntó el joven- lo mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No- dijo el viejo
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven - No- repitió el viejo. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero...Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.
El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
- Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, "vuelen juntos pero jamás atados".






martes, 16 de abril de 2013

Festival


Corría el año... buff ya ni se. Pero sería una buena forma de empezar esta historia. Historia que sin duda es mi propia historia y que forma parte de mi.

Año tras año mi grupo scout acudía a los encuentros de la federación de scouts SBP, de la que formábamos parte. El San Jorge, aprovechábamos para hacer el festival de la canción, y todos los grupos que pertenecíamos a la federación preparábamos una canción scout que cantábamos en un auditorio, y en plan Eurovisión había un ganador que organizaba el evento al año siguiente.

Por las noches, nos juntábamos con guitarras a cantar canciones, las de otros festivales anteriores que nos las habíamos aprendido, o las canciones típicas de cada grupo o un varios de pop-rock que solía ser una pasada.

El caso es que año tras año fuimos forjando una amistad con aquellas personas que compartían un grupo scout tan parecido al nuestro, y tan diferente en otras cosas. Aquello era entender lo que significaba que un scout es hermano de cualquier otro scout.

En el último San Jorge al que acudimos, lo hicimos sabiendo que nuestro grupo y otro de la federación nos marchábamos para siempre, porque las “políticas” y las metodologías que se seguian estaban cambiando y nosotros no queríamos dejar de hacer lo que habíamos hecho siempre. Queríamos disfrutar del San Jorge y avisar al presidente de la Asociación de Madrid al final de la acampada. Cuando estábamos despidiéndonos de nuestros amigos de otros grupos, a muchos se nos saltaban las lágrimas.
  • “Illo, no llores, que nos vemos dentro de ná” decían los gaditanos. Recuerdo cruzar miradas con la gente de mi grupo y saber que nunca más se repetiría aquello.

Y afortunadamente, me equivocaba. Han pasado algunos años, la asociación que fundamos el otro grupo y nosotros ha salido a delante y este fin de semana celebramos nuestro primer festival de la canción, con cuatro grupos que cantaban y seis o siete que asistieron a la acampada.
El Estrella volvió a salir a cantar y luchar por el último puesto mientras nos reíamos, y con las caras pintadas demostrábamos a todos que estamos locos y nos encanta y que estábamos disfrutando de ese momento de locura con un montón de scouts de otras partes de España.

Pero lo mejor vino un rato después, cuando el subidón de haber cantado en el escenario y haber animado todo lo posible llevó a Javi Pelos a arrancarse a pasear con una guitarra en el tiempo libre por todas las tiendas tocando la bamba y arrastrando por lo menos a 50 personas a juntarnos a cantar canciones de otros festivales, y un surtido de pop-rock que fue realmente delicioso. A sentir que todos formamos parte de eso y que nos encanta encontrar a otras personas en el mundo que les ocurre lo mismo, y a estar deseando que pase un año para volver a juntarnos.

Así que de alguna manera me apetecía agradecer a todo el mundo la posibilidad de haber vivido ese momento.

A Julio y Trina por haber estado al pie del cañón, luchando por que esto sea posible durante todos estos años, y aguantando en los peores momentos y lidiando con todos.

Otra vez a Trina, por contagiarnos hace ya muchos años el gusanillo por las canciones scouts y los festivales de la canción.

A todo el Estrella por tener siempre dispuesta una sonrisa venga lo que venga, por que solo nosotros sabemos lo que se siente cuando saltamos y agitamos nuestras pañoletas mientras gritamos ¡De norte a sur! ¡De este a oeste!. Y por enseñar a los niños que se puede estar orgullosos de salir a cantar y bailar con la cara pintada de verde y blanco y hacer sonreír al público.

A las visitas de última hora que sabían que no podían perderse el momento de la canción de su grupo.
Al resto de los grupos nuevos que se han abierto a conocernos, que no nos han juzgado y que han compartido unas risas con nosotros.

Y sobre todo, a ti, que cogiste la guitarra y con una sonrisaza empezaste a tocar la bamba. A ti, que pusiste todo tu empeño en hacer realidad la idea de un blues para el Estrella. A ti que de nuevo has conseguido hacerme feliz tocando unos acordes, y que no pasa día sin que me preguntes que qué tal estoy, aunque a veces yo ni te conteste, a ti que sabes absolutamente todo lo que me pasa y que a pesar de que en el instituto me caías fatal te has convertido en una de las personas más importantes de mi vida y en un pilar básico. A ti, que el sábado paralizaste el tiempo y me llevaste a los mejores momentos que he vivido en mi infancia.

Mil gracias!

(En cuanto pueda edito el post y pongo la canción aquí al final!)

viernes, 12 de abril de 2013

Mecánico de sentimientos


Hace poco tuve una conversación deliciosa. De esas que te hacen darle vueltas y revivirla de vez en cuando. En ella recordaba cómo en mis años de instituto me intentaron robar por la calle. Yo me acaba de comprar mi primer mazo de cartas Magic, que no eran precisamente baratas, y las llevaba en el bolsillo de la mochila. Cuando los dos chavales que nos intentaron robar me dijeron que abriese la mochila me negué. Como consecuencia me lleve a casa mis cartas magic y el labio partido por un anillo de oro con una R, que se estampó en mi cara.
Nada más llegar le conté lo ocurrido a mi madre, y le dije que creía que eran dos chavales de la residencia de menores que había en el barrio. Mi madre me abrazó y me consoló y me dijo algo que no creo que jamás se olvide. “Pobrecitos esos dos niños que en su casa no tendrán a nadie que les consuele cuando les haya pasado a ellos”.
En aquel momento no lo pensé mucho, ni le di mucha importancia a las palabras de mi madre. Pero lo cierto es consiguió algo importantísimo, no se si conscientemente o por “ósmosis”. Pero en futuros encontronazos que he tenido, o en picias que me han hecho (no me gusta nada esa palabra, es muy fea), cuando se me ha pasado el cabreo inicial, que en eso supongo que soy como todo el mundo, en seguida viene a mi cabeza pensar en qué a llevado a la persona a hacer lo que ha hecho, o la situación que debe estar viviendo y trato de imaginarme cómo se siente. Normalmente no son situaciones incomprensibles, y se parecen a cosas que yo mismo he podido vivir e incluso reaccionar mal cuando me ha tocado, igual que ellos.
Creo que esa posibilidad de ir un paso más allá, y no pensar directamente que la gente es mala hace que sea mucho más fácil perdonar y entender a las personas. ¿Y sabéis una cosa? No lo cambiaría por nada del mundo. Se vive mucho mejor cuando sabes que las acciones malas de las personas tienen una explicación y son arreglables. Quizá esa es la finalidad de un educador. Arreglar lo que hay mal en las personas que les hace cometer errores.
Eso es lo que quiero ser de mayor. Mecánico de sentimientos.