martes, 30 de octubre de 2012

Maestros


Ayer murió uno de los mejores profesores que he tenido en mi vida, me ha dado mucha pena, y me ha hecho pensar en lo importantes que son las personas que logran ganarse tu admiración. Igual un día escribo sobe él, por que se podría escribir mucho y muy bueno sobre él. Sin embargo hoy me apetece transcribir aquí el final de una clase que recibí hace no mucho y que está relacionado con el mundo de las emergencias. Espero que os guste, y sobre todo espero no cambiar demasiados detalles de la historia original, que por cierto es verídica.


La clase estaba terminando, no habría otra ocasión para volver a ver a aquella gente que en un futuro, si todo salía bien compartirían profesión, a pesar de que las cosas estaban bastante complicadas, pero era realmente complicado que volviese a coincidir con muchos de los que allí estaban sentados escuchándole.
Las cuatro horas del cursillo habían sido intensas y había tratado de hacerlas divertidas, sin embargo lo que tocaba ahora era algo más serio. Sabía llegar a la gente cuando hablaba y se disponía a hacerlo, se sentó en la mesa del profesor y dejó colgando sus piernas. El tono de su voz también varió ligeramente y la atención de todos viró hacia el enfermero.
  • Os voy a contar cómo fue mi primer día en este trabajo. Acababa de terminar el máster de experto en enfermería de urgencias. En la primera guardia, en nuestro primer aviso fuimos a un accidente de tráfico en una carretera comarcal de Guadalajara. Estaba nervioso y tenía bastante miedo, pero iba decidido a cumplir con mi función de enfermero. Cuando paró la ambulancia salí con un catéter en la mano, me dirigí al primer coche que vi, abrí la puerta del copiloto y cogí el brazo de la señora que estaba allí sentada. Encontré rápidamente la vena e introduje el catéter. Ya está había hecho lo que sabía hacer y había cumplido con mi función, cuando me di la vuelta para conectar el suero y fijar la vía, me di cuenta de que mis compañeros estaban todavía cogiendo material en la ambulancia y que me había precipitado y no podía soltar a la mujer hasta que llegasen, por haber caído en lo que me habían repetido mil veces mientras me formaba. Cuidado con la visión en túnel.
    Cuando terminamos el aviso mis compañeros estaban comentando, “Jo macho, vaya accidente, ¿habéis visto cómo se había quedado el coche rojo?”. En ese momento me di cuenta de lo mal que me había desenvuelto en aquel aviso y todo lo que me quedaba por aprender. Yo no vi ese coche rojo durante los 20 minutos que pudimos pasar en la escena del accidente. De nuevo visión en túnel.
    El siguiente aviso que le entró a mi UVI fue otro tráfico, esta vez con más víctimas y de peor pinta. Entre las víctimas una niña pequeña que atendimos en la ambulancia. Es algo que espero que tardéis en encontraros por que atender a un niño no es igual que a un adulto. Yo estaba muerto de miedo y me temblaban las manos, mientras atendían a su padre fuera, con muy mal pronóstico, nosotros nos disponíamos a poner un calmante a la pequeña. El médico que trabajaba conmigo me pidió la dosis y yo la preparé. Ambos estábamos muy nerviosos. En ese momento entró en la ambulancia otro médico del servicio que trabajaba en el helicóptero, que había venido por que era necesario hacer un traslado urgente. Era una persona que transmitía serenidad y confianza. Nos preguntó y le contamos el estado de la paciente y que estábamos a punto de ponerle el calmante. El médico miró la jeringuilla que íbamos a poner en el suero y con mucha suavidad y tacto, nos preguntó que de cuánto eran las ampollas en las que nos suministraban aquella medicación.
    Busqué en el montón de deshechos y me di cuenta de qué me había equivocado y había cogido otra medicación, por culpa de los nervios. El médico lo sabía, y muchos otros en esa situación se hubiesen enfadado o hubiesen gritado ante semejante error. Pero él no, con toda su tranquilidad hizo que nos diésemos cuenta del error y dirigió la intervención con total tranquilidad.
    Cuando el helicóptero se llevó a la niña para trasladarla, y esto que me pasó os juro que fue así, un oso de peluche de la niña empujado por el viento de las hélices rodó hasta mis pies. Como en las jodidas películas. Me agaché y lo cogí y me quedé como un pasmarote con el peluche en las manos mirando como se iba el helicóptero. La madre de la niño vino hacia mi, seria, inexpresiva, con una lágrima en la mejilla y sin decir absolutamente nada me quitó el oso de las manos se dio la vuelta y se fue.
    Cuando llegué a la ambulancia les dije a mis compañeros “Yo no sé si esto es normal, pero necesito llorar”. Ellos me dejaron pasar a la ambulancia y me dijeron que no me preocupase y que me desahogase.
    Os juro que no recuerdo nada más del resto de la guardia, se que hicimos más avisos pero mi mente desconectó.
    Aquella noche, cuando llegué a casa, desquedé con las personas con las que había quedado y me agarré una borrachera monumental. A la mañana siguiente tuve una reunión importante conmigo mismo. ¿De verdad quieres trabajar de esto? ¿Crees que vas a poder con ello? Aquel día decidí que yo quería tener el dominio de la situación que tuvo el médico del helicóptero en mi primera guardia. Y a ello me puse.
    Años más tarde, en un tráfico, atendí a un chaval joven que se había atrapado las piernas en su coche y no podía salir. Estuve en todo momento con él y conseguimos conectar bien, algo importantísimo para trabajar con pacientes, y más si estaban tan asustados cómo aquel. Cuando los bomberos retiraron parte del amasijo de hierros pudimos ver como uno de los amortiguadores del coche se le había incrustado en el músculo de la pierna, y me dijo “¡Mira Dani tío, Mira!” No sabéis lo importante que es que te llamen por tu nombre y que llegase a confiar en mi de la forma en la que lo estaba haciendo, por que la frase siguiente que vino era más necesaria que nada y no podría haber surtido efecto si no hubiésemos forjado esa intimidad entre los dos durante la hora que estuvimos esperando a que los bomberos le escarcelaran. “No te preocupes tío, que eso es chapa y pintura, no te ha afectado a nada serio, de verdad que es chapa y pintura”
    En ese momento me di cuenta de que ya dominaba las situaciones de emergencia como aquel médico que me enseño tanto con su forma de proceder.
    Meses después coincidí en otro aviso con él. No me lo podía creer, pero allí estábamos otra vez trabajando mano a mano, esta vez con una tranquilidad y profesionalidad que solo la experiencia y una buena reflexión me podían haber dado. Cuando terminamos el aviso me acerqué y le dije que me diese su correo, que tenía que escribirle algo.
    En casa le conté todo lo que había pasado y cómo había influido en mi vida su forma de actuar aquella mañana.

Sin duda fue un gran final de clase y una bonita lección.


domingo, 21 de octubre de 2012

Pensamientos nocturnos

Es curioso lo caprichosa que puede ser la vida, o el destino o las meigas... o que se yo. A veces parece que el mundo hace gala de su ironía para colártela del todo y reírse de ti.
Me parece ayer cuando me encontraba seguro y convencido de que no quería estar con nadie, que solo, caminando y creando mi mundo era feliz.
Recuerdo perfectamente mis intenciones de no formar nada serio de aquello. Si, he ligado, no sé que habrá visto en mi pero lo ha visto, y no solo eso si no que parecía que no quería ver otra cosa, los días enteros en mi casa, las noches enteras para descubrirnos el uno al otro, las vacaciones, las increíbles ganas de estar juntos, las broncas en tu casa por no aparecer por allí en días.
Y de repente ¿Qué pasó? ¿En qué momento cambié de idea? Eso si que no lo recuerdo, no se si fue algún comentario sorprendente de esos que me dejaban callado, o la increíble fuerza de voluntad que te acompaña cuando tomas una decisión o lo bien que me hacías sentir. El caso es que entonces me dejé llevar. ¿Por qué no? Esto va bien, me hace sentirme feliz. ¿Por qué no?
Hoy te tengo a mi espalda, dormida, y tengo que morderme la lengua para no decirte todas las cosas que te quiero gritar. Qué eres preciosa, cada milímetro de tu piel y cada sonrisa que regalas son cuanto menos para pintarlas en el mejor cuadro del mundo. Que vales mucho, muchísimo más de lo que a veces piensas, y no por creerte independiente, si no porque eres capaz de darte cuenta de las necesidades de los demás sin que nadie te lo pida. Pocas personas tienen esa capacidad y aunado a tu fortaleza cuando tomas una decisión es algo que siempre he pensado que te llevará muy lejos. Quiero gritarte que puedes contar conmigo para lo que sepas, más allá de lo cotidiano y de los viajes en coche, y que si me dejas te acompañaré en cualquier viaje que hagas, por difícil que sea y por muchas veces que haya que parar para tomar fuerzas. Quiero decirte que solo tu puedes decidir ser feliz si te lo propones y que lo vas a conseguir.
Y entonces me acuerdo de que no te lo puedo decir, que ya no me corresponde y que debo guardármelo para mi, por una razón que nunca me ha llegado a quedar clara. Y yo necesito contarlo, necesito gritar y contarle a todo el mundo que he encontrado a una persona única y que quiero acompañarla y poner mi vida cerca de la suya y que cuando me besas el mundo puede pararse o destrozarse en pedazos por que no me importa nada de lo que hay más allá de 2 centímetros de mi nariz.
No te lo puedo decir y cada vez me pesa más, por que eso es algo que uno no puede guardarse para si mismo porque no le cabe dentro.
Por eso lo escribo aquí, porque necesito dejarlo fuera y sé que aquí no lo encontrarás porque ya no quieres mirar dentro de mi ni escucharme decir que quiero tener la llave de tu armadura protectora.
Solo espero no cansarme de vaciar lo que siento fuera de ti antes de que tu quieras volver a recojerlo.


miércoles, 17 de octubre de 2012

El músico del Titánic

Me conozco bien, son ya bastantes años haciéndome compañía y se cuando las cosas no van bien y cuando he hecho aguas. Aunque muchas veces no soy capaz de darme cuenta a tiempo de dónde ha chocado el iceberg y no suelo llegar a tiempo para reparar la brecha.
Sé que me va a tocar pasarlo mal dentro de muy poco tiempo, quizá ya haya entrado demasiada agua y en poco tiempo habrá que tocar fondo para volver a salir. Pero tocarlo de verdad.
Sin embargo tengo un simil más que casa a la perfección con este post.

Cuando el Titánic se iba a hundir de forma ya inminente, el capitán del barco mandó a los músicos ir a la cubierta a tocar por si podían tranquilizar al personal. El barco poco a poco fue haciendo aguas y empezó a zozobrar mientras la gente corría buscando un bote donde refugiarse y salvar la vida.
En el momento de despedirse y tratar de salvar la vida, uno de los violines comenzó a tocar "Nearer my God to the thee", el resto de músicos que ya se habían dispersado volvieron y se sumaron para interpretar la que sería su ultima canción. Tal y como sale en el clip de la peli de James Cameron.
Creo que me toca ser músico del Titánic y tocar hasta que todo se resuelva y pase este momento de vida, para bien o para mal trataré de interpretar la pieza lo mejor posible.
Creo que es una buena forma de enfrentar lo que se me viene encima, o por lo menos es la única que se me ocurre. Sin embargo me muero de angustia y me come la ansiedad ver cómo todo se llena de agua...
En el próximo viaje trataré de embarcar un ingeniero naval que me ahorre disgustos.
Hasta entonces... feliz naufrágio.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El lugar más bonito del mundo


Todo comenzó por un artículo en una revista de ciencia y antropología. Hablaba sobre un pueblo en Nueva Zelanda y sus costumbres ancestrales, sin embargo no fue la historia de los nativos lo que llamó su atención si no los paisajes que salían en las fotos del artículo. Nunca había visto semejantes lugares en el mundo que le transmitiesen esa sensación de equilibrio y belleza que estaba sintiendo.
Por otro lado su vida en Madrid resultaba aburrida, triste, sin ningún aliciente que le motivara a continuar con todo aquello de forma natural. Así que un mes después, tras mirar aquellas fotos todos los días hizo caso a sus impulsos y se gastó sus ahorros en un billete de ida y vuelta abierta a Nueva Zelanda. Había que hacer caso cuando uno tiene una corazonada.
El viaje sin duda fue una experiencia increíble. Era la primera vez que viajaba solo y desde luego el destino tenía suficiente encanto y suficientes lugares alucinantes como para que valiese la pena.
Visitó playas que jamás hubiese pensado que pudiesen existir, subió a montañas increíbles a disfrutar de la calma, la belleza y la soledad de sus cimas. Descendió por ríos mucho más grandes de los que había visto en su tierra y se abrumó por la inmensidad de bosques de extraños árboles que nunca había visto.
Le costó decidir entre todos los lugares en los que había estado hasta que por casualidad y por un despiste con su mapa terminó visitando el faro de Cabo Reinga. Aquella imagen quedó grabada a fuego en su mente. El mar que añoraba tanto en su ciudad, la figura poética y solitaria del faro, el verde intenso de los alrededores y cómo olía el aire hicieron que sintiese que sin duda, aquel lugar era el más bonito del mundo. De alguna manera era lo que había estado buscando.
Se sintió muy feliz por haber visto aquella maravilla, hizo fotos para enseñarlas y que la gente sintiese lo mismo que él, pero sabía que no era lo mismo. En aquel momento de máxima felicidad sufrió la paradoja de sentir una profunda tristeza al no tener un compañero con quien compartir aquel lugar tan maravilloso. Cabo Reinga era ahora el lugar más bonito del mundo y el más triste.

De vuelta a Madrid todo el mundo preguntaba por el gran viaje y el se limitaba a decir que había estado muy bien, había muchas anécdotas que contar, sin embargo guardó en secreto su descubrimiento de aquel rincón de la isla. Y continuó con su vida, capeando y luchando por pasar los días sin que estos le vencieran con su monotonía e insipidez.

Meses después el amor volvió a llamar a su puerta, se trataba de alguien especial que poco a poco se iba haciendo un hueco en su rutina y que iba convirtiéndose en una compañera de viaje en el día a día. Cuando pasó el tiempo y la confianza llegó a ese grado en el que destapar tus sentimientos no parece tan peligroso le contó la historia del faro y que nunca se lo había contado a nadie por miedo a que no le entendiesen. Entonces ella le contestó una verdad, casi sin darle importancia, como si fuese algo obvio, pero que hizo comprender del todo el fracaso de su viaje. “El lugar más bonito del mundo no depende tanto del sitio si no de quién te acompañe”

A la mañana siguiente se levantó para ir a trabajar, dejándola acostada para que durmiese un rato más. Durante un momento entró un rayo de sol entre las cortinas en el instante justo en que se ella se giraba para cambiar la postura del sueño y el rayo iluminó su cara y su pelo. Quizá fue la luz, o que la habitación olía a ella, que esa mañana estaba realmente guapa y los efectos de la conversación de la noche anterior, pero tantos estímulos cruzándose a la vez provocaron en él la misma sensación que cuando vio el faro de Cabo Reinga.


Cogió su cámara de fotos, inmortalizó el momento y rápidamente encendió su ordenador para poder imprimirla. Cuando ella se despertó vio encima de la mesilla de noche su foto en la cama con un comentario que decía “El lugar más bonito del mundo”

Acera de invierno


Lo peor de dormir en la calle no es cuando dejas de sentir los miembros por el frío, no, ahí solo aparece la preocupación por lo que te está ocurriendo, pero a quien no tiene ya nada que perder es algo que no importa demasiado. Lo peor de todo viene después, cuando poco a poco el sol de invierno vuelve a calentarte las manos, la cara y los pies y un millón de agujas despiadadas empiezan a agujerearte la piel que antes estaba insensible.
Es en ese momento cuando el vino o alguna botella de algo más fuerte recuperada de los jóvenes que beben en la calle los fines de semana es lo único que puede hacer que el sol no sea una tortura durante esas horas. Y ¿Por qué no? También es una forma agradable de afrontar el día que se presenta por delante.
Hoy a nevado, ha caído una nevada como hacía años que no se veía en Madrid, por la calle hay niños jugando y tirándose en la nieve virgen. Me fijo especialmente en una pareja de adolescentes, deben tener 15 o 16 años, y ella le acaba de tirar una bola de nieve a él en la cabeza, como respuesta el chico sale corriendo y la tira al suelo tumbándose encima de ella, después riéndose y empapados se besan. Hubo un tiempo en el que este tipo de cosas me sacaban una sonrisa, e incluso las había llegado a hacer, ahora me da asco, asco y rabia y noto como se genera en mi un odio profundo hacia esos dos imbéciles que retozan mojados sobre la nieve. Por las caras que ponen cuando paso a su lado imagino que el sentimiento debe ser mutuo, así que al igual que al dolor que provocan los primeros rayos de sol de la mañana, lo dejo pasar, sigo caminando y dejo que el problema fluya hasta quedar más allá de mis espaldas y lo olvido. Ese es el verdadero significado de la palabra vagabundo.
Cuando hay una nevada la gente se pone contenta, disfruta de la novedad y experimenta sensaciones que normalmente no tiene a su alcance. Nosotros, los habitantes de las calles también experimentamos sensaciones nuevas, sobre todo la noche anterior a la nevada y los dos o tres días siguientes. La noche anterior por que el frío es intenso como nunca, se mete en los huesos y produce un dolor intenso en todas partes que hace imposible poder dormir. Manuel lo sabía, y anoche no pudo con ello, decidió saltar la mampara de plástico que no protege el viaducto y acabó con todo lo que le molestaba. No suelo encariñarme mucho con nadie, llevando esta vida no debes hacerlo, pero Manuel no era mala persona.
Los dos días después a la nevada, para mi son los peores, retorna una sensación de desesperanza similar a la que se siente cuando empiezas a vivir esta situación. Porque no hay ningún maldito sitio en el que apoyar el culo, la cabeza o dejar los pies sin mojarte y sin estar encerrado con otras 20 o 30 personas que huelen a no haber visto una ducha en meses.
En esos momentos odias, odias a Manuel por haber tirado la toalla, odias a los jovenes que se dejan las botellas a medias por derrochadores y vividores, odias a las parejas de adolescentes que juegan a amar creyendo saber lo que es el querer y odias a los niños que se mojan por diversión sin preocuparse de cómo van a secar su ropa.
Pero no importa porque se cómo dejar los problemas detrás y entonces comienzo caminar.


jueves, 13 de septiembre de 2012

Celtíberos

Recuerdo haber hecho una excursión con el colegio cuando tenía diez u once años al Jardín Botánico de Madrid. Allí el guía que dirigió la visita consiguió engatusarme y contarme cosas que todavía hoy no he olvidado... Entre ellas lo mucho que sabía sobre la naturaleza un amigo suyo que era scout.
Y lo que os voy a contar que hace poco ha venido a mi mente.



Existe un árbol milenario, en peligro de extinción y realmente bonito llamado Tejo. Este árbol poblaba buena parte de España y su madera, para su desgracia, era excelente para hacer arcos y gaitas que los pueblos celtas y celtíberos se encargaron de utilizar.
Para ellos el tejo era un árbol mágico que veneraban. Cuando un chico celta estaba enamorado de una chica y la rondaba, hacía que se enterase de que esa noche colocaría una rama de tejo en su ventana. Si la chica no aceptaba guardaría la rama de tejo en su casa, si por el contrario aceptaba el cortejo la tiraría al suelo, de forma que él la vería tirada al día siguiente.
Esta costumbre se ha mantenido en el tiempo y en Asturias y zonas del norte, variando un poco. Lo más bonito de esta historia es que de esta costumbre viene la expresión que todavía hoy seguimos usando “Tirar los tejos”.



En España los celtas y los celtíberos estaban asentados en el norte de la península y fueron unos de los rivales contra los que tuvieron que luchar los romanos para conquistar Hispania, y en concreto fue una tremenda batalla la que se libró en Numancia.
Allí los numantinos decidieron que no se rendirían ante Roma y que lucharían hasta el final mientras les quedasen fuerzas. La lucha duró veinte años en los que la ciudad se encontró sitiada, las fuerzas romanas estuvieron desmoralizadas y mermadas durante los inviernos, y cuando por fin Roma consiguió organizarse gracias a las órdenes del general Escipión y poner en jaque a la ciudad la mayoría de los numantinos decidieron suicidarse antes que vivir privados de su libertad.
Os copio un párrafo que me ha impactado de este blog que me ha inspirado:
“Los historiadores romanos cuentan, con tremendo dramatismo, como los padres dieron muerte con sus espadas a sus hijos y esposas antes de suicidarse. Los que no murieron se entregaron a Escipión. Su imagen impactó a los romanos. Los supervivientes parecían salir del mismísimo infierno: Cabellos largos y sucios, harapos cubriendo los cuerpos, olor a podredumbre, ojos enrojecidos, labios cortados y llenos de llagas, dientes mellados y amarillentos, uñas largas. Pero lo que más impresionó a los romanos fue la penetrante mirada de los numantinos, cargada de rencor, que transmitía un odio eterno a Roma. “
Por último y para acabar unas palabras del genio Eduardo Galeano. No estoy seguro de si es del todo cierto o no lo que cuenta, aunque supongo que sí, pero nunca lo he contrastado. Igualmente a mi me gusta y cada 31 de diciembre tengo algo importante por lo que brindar.

“Y para terminar, otro homenaje a la memoria. Una historia también antigua, pero no tanto.
Seis siglos después de su fundación, Roma decidió que el año empezaría el primer día de enero.
Hasta entonces, cada año nacía el 15 de marzo. No hubo más remedio que cambiar la fecha, por razón de guerra.
España ardía. La rebelión, que desafiaba el poderío imperial, obligó a Roma a cambiar la cuenta de sus días y los ciclos de sus asuntos de estado.
Largos años duró el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, la capital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.
En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del río Duero, yacen sus restos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambió, para siempre, el calendario universal.
Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas, brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libres y los años. “



viernes, 24 de agosto de 2012

De las estrellas fugaces y los deseos

Seguimos con los cuentos :)

El día 12 de Agosto, Miguel y su padre se marcharon de casa después de comer y de echarse una buena siesta, pues más adelante necesitarían estar descansados. Cogieron el coche y fueron a la sierra que quedaba cerca de su ciudad, allí emprendieron una larga ascensión hasta la montaña más alta de su región.
Mientras Miguel sorprendía a su padre con su resistencia y su falta de agotamiento, éste le contaba historias y anécdotas que había vivido en aquella sierra y concretamente subiendo esa montaña en tantas ocasiones. Y sobre todo sonreía por ver como su hijo de once años estaba disfrutando como él lo había hecho cuando era más joven.
En la cumbre cenaron los mejores bocadillos de tortilla de patata que solo la madre de Miguel era capaz de conseguir y prepararon sus sacos para dormir al raso en su pequeño techo del mundo.
En pocos minutos el sol se escondió con un perfecto atardecer cómo sólo se ven desde las cumbres de las montañas y dio paso al espectáculo nocturno que habían venido a presenciar.
Con la mirada clavada en el cielo negro, padre e hijo veían caer cada poco tiempo una estrella fugaz que la acompañaba un grito de sorpresa.
  • ¡Ala! ¿Has visto esa Papá? ¡Era enorme!
A veces uno de los dos veía una estrella que el otro por distracción se perdía y entonces pasaban los siguientes minutos totalmente en silencio concentrados en las constelaciones que tenían sobre sus cabezas, por si a alguna le daba por caer a la tierra.
  • ¿Sabes? Hace mucho años, alguno más de los que tienes tu, le pedí en esta misma noche en que caen las Perseidas a todas las estrellas fugaces que vi casarme con tu madre y tener un hijo con quien poder venir a esta montaña juntos. Y hoy se ha terminado de cumplir mi deseo.
  • ¿Tu crees en esas cosas Papá? Yo he pedido muchísimos deseos y nunca se cumplen.
  • ¡Uy! Eso no es verdad. Claro que se cumplen, pero no puedes decir esas cosas por que si no el hada de los deseos se enfada y deja tu petición para la última.
  • ¿De qué hablas Papá? Que ya soy mayor para que me cuentes todo eso de las hadas.
Entonces el padre de Miguel le contó el verdadero secreto de las estrellas fugaces. Le contó que en el cielo hay unos seres mágicos atrapados, que las personas decidimos llamarlos hadas por que son tan poderosos y su magia es tan fuerte que son los únicos que pueden conseguir conceder cualquier deseo, tienen tanto poder que por eso por las noches brillan y las vemos como si fuesen estrellas. Cuando consiguen escaparse dan un salto y se lanzan hacia la tierra, es en ese momento cuando su magia se hace más fuerte y las vemos centellear en forma de estrella fugaz. En ese momento millones de hombres en la tierra que se encuentran mirando al cielo le piden al hada sus deseos. Le piden de todo, algunas cosas muy fáciles de conseguir y otras que llevan más trabajo y más tiempo. El hada mientras cae escucha todas y cada una de las súplicas que le hacen sus espectadores y cuando llega a la tierra sus poderes se hacen un poco más pequeños. Entonces comienza a vagar por el mundo buscando a las personas que pidieron deseos y comienza a solucionarlos uno a uno por riguroso orden en el que se pidieron los deseos. A veces pueden tardar un año en solucionar el deseo de una persona por que sea muy complicado o por que el hada no sepa muy bien como conseguirlo, sin embargo nunca dejan de trabajar. Por eso los deseos que les pedimos a las estrellas fugaces no se suelen conceder al momento, si no que tenemos que dejar al hada que pueda concedernos el deseo.

Miguel se quedó pensativo. A su padre le gustaba mucho contar cuentos, y aunque el sabía que eran mentira, aquella explicación le gustaba mucho más y le parecía más bonita que la que le habían dado en el cole. Así que cuando vio caer la siguiente estrella tuvo muy claro lo que le iba a pedir al hada. “Por favor hada, que mi padre nunca deje de contarme cuentos como este”
Su padre en cambio sonrió, le pidió al hada que se saltase su deseo y cumpliese el que hubiese pedido su hijo, y acto seguido le abrazó y le dio un beso.